
Eso no fue casualidad. Fue organización, fueron nuestras raíces moviéndose. Y desde entonces, ahí quedó marcado un antes y un después.
Si las formas son fondo, cuando a nuestro presidente AMLO y a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum les entregaron el bastón de mando en sus tomas de posesión, no estaba pasando algo decorativo. Ahí estaban miles de años de sabiduría evidenciando que la autoridad verdadera no se pide prestada, se construye en comunidad.
Y eso se conecta directo con Zacualpan. Porque antes, con el neoliberalismo, lo único que les ofrecían a nuestros pueblos indígenas como este era el extractivismo. Pura concesión minera. Tanto que concesionaron nada menos que la mitad del territorio nacional para que las empresas se llevaran lo que es de todos. Ni consulta ni respeto.
Pero en la Cuarta Transformación algo cambió. No se ha entregado ni una sola concesión minera nueva. Y además se reformó el Artículo Segundo de la Constitución. Hoy, por primera vez, los pueblos indígenas y afromexicanos son sujetos de derecho. El Estado les reconoce autonomía. Eso no es una frase bonita, es una herramienta hacía la dignidad.
